“Es típico de los medios de comunicación, dice el semiólogo
Umberto Eco (1932), imagínese: un político escribe una carta a un periódico para explicar que no
es culpable de corrupción tal como se le acusa; el periódico publica la carta,
pero a su lado pone la imagen de su autor comiéndose un canapé en una fiesta.
Ya está: tenemos ante nosotros la imagen de un hombre que devota el dinero
público. Pero se puede hacer aún mejor. Si se trata de un hombre de Estado que
sabe que al día siguiente se divulgará una noticia muy embarazosa para él,
susceptible de convertirse en la noticia del día en la primera página, mandará
poner una bomba durante la noche en la estación central. Al día siguiente los
periódicos habrán cambiado sus titulares.
Me pregunto si la razón de ciertos atentados no es de este tipo”. En Nadie acabará con los libros.