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Las encuestadoras no se equivocaron

Por Ricardo Soca de elcastellano.org
El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales uruguayas ha suscitado una injustificada ola de críticas a las empresas de estadística social que se encargan de investigar y cuantificar la intención de voto del electorado.
“La evidente diferencia que se registró entre la mayoría de las encuestas y el resultado final no pasó desapercibido, y en la mayoría de los casos ya reconocieron que revisarán sus mecanismos de trabajo”, afirmó el martes 28 el portal montevideo.com 
Tanto la ola de críticas como la supuesta admisión de responsabilidad por parte de los dirigentes de algunas firmas encuestadoras revelan un sorprendente desconocimiento de qué es una encuesta de intenciones de sufragio, qué revela y, sobre todo, qué no revela. Ninguna encuesta pretende prever el futuro y ninguna empresa de estadística social debería asumir responsabilidades de pitonisa. Las encuestas no son pronósticos, apenas muestran qué está pasando en el momento en el que los ciudadanos de la muestra son consultados, pero no permiten saber qué va a ocurrir después con tal opinión o intención. Esta podrá cambiar radicalmente al día siguiente sin que el encuestador pueda cómo preverlo o anticiparlo.

Hasta la semana previa a los comicios, la compulsas de opinión que indicaban las preferencias porcentuales por los diferentes partidos eran bastante coincidentes, de modo que es probable que revelaran correctamente la intención de los uruguayos en el momento en que fueron consultados, pero no podrían, porque está fuera de su alcance, haber medido el grado de volubilidad de los ciudadanos consultados, ni, mucho menos, cuál sería su opinión al día siguiente o una semana más tarde.

A lo largo de diez años de gobierno, los entusiastas frenteamplistas que festejaron la victoria de Tabaré Vázquez el 31 de octubre de 2004 perdieron buena parte del entusiasmo, en la medida en que muchos de los sueños que se iban realizando perdían su materia onírica al convertirse en elementos del mundo real y otros, simplemente,  no se realizaban. Muchos se enojaron ante errores graves o decisiones que podrían haber sido mejores, pero todos ellos eran conscientes de que en una década el Uruguay cambió radicalmente y de que cambió para mejor.

Conozco a algunas personas que el sábado 25 aseguraban que iban a anular su voto,  sufragar en blanco o hacerlo por la izquierda radical para darle una “lección” a los políticos del Frente Amplio. Sin embargo, algunos ataques innecesariamente absurdos o infundados de políticos opositores funcionaron como un llamado a la realidad. 

Muchas de esas mismas personas me aseguraron que a último momento habían decidido votar al Frente (“tapándome la nariz”, me dijo uno), para evitar la amenaza de lo que consideraban una “restauración oligárquica”.

En suma, parece haber habido un movimiento de última hora, imposible de medir, que favoreció a la izquierda y cubrió el espacio que el Frente necesitaba para ganar las elecciones. El partido de gobierno sufrió el castigo que sus electores le infligieron durante los meses, semanas y días previos a la elección, que las encuestas detectaron correctamente. ¿Cómo podrían haber diagnosticado una intención futura que no estaba clara ni siquiera en los cerebros de los propios frentistas enojados?

Por supuesto, sería pretencioso presentar esta cavilación como una hipótesis, que requeriría datos adicionales. Es apenas una modesta conjetura de un ciudadano que intenta entender las causas del sorprendente resultado del domingo 26.   


CON 'LOS CINCO SENTIDOS DEL PERIODISTA', según Ryszard Kapuściński (1932-2007).

Un mapa que preocupa

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