El mundo en movimiento...


'La felicidad de Freddy Ehlers'

El hombre 'oficialmente' feliz.
Por Felipe Burbano de Lara, El Universo
Me parece inaceptable que un secretario de Estado, con rango de ministro, tenga como responsabilidad pasearse por el país predicando la felicidad del buen vivir. Solo eso le faltaba al Ecuador de la revolución ciudadana: tener una secretaría desde donde se consagra la versión oficial de la felicidad y se difunda urbi et orbi. Que el señor Ehlers tenga su visión de lo que significa ser feliz, que esté convencido de haber alcanzado una plenitud espiritual, me parece legítimo y encomiable desde el punto de vista personal, pero nada más allá de eso.
Desde una perspectiva política, resulta cuestionable que el Estado –es decir, todos nosotros– financie sus sermones sobre la felicidad. Nadie eligió al señor Correa para que nos devuelva la felicidad a los ecuatorianos. El Estado no solo financia el sueldo de Ehlers para que nos diga en qué consiste la felicidad, sino de 40 funcionarios de la secretaría que acompañan el trabajo del predicador...

Tres millones en busca de la felicidad...

Igualmente cuestionable resulta la idea de que el Estado tenga como obligación fomentar la felicidad de los ciudadanos con una visión determinada de lo que significa ser feliz y con una idea de cómo alcanzarla. La búsqueda de la felicidad –de volver la vida deseable, como decía Aristóteles– es una compleja tarea personal que se despliega en contextos específicos de oportunidades y dentro de una pluralidad de valores y sentidos posibles de la vida. El Estado tiene como compromiso generar condiciones para que los ciudadanos puedan hacer sus mejores elecciones en condiciones de igualdad y libertad, pero la opción del buen vivir y de la felicidad la decide cada quien atendiendo sus propias orientaciones existenciales y sociales.

No solo hay una intromisión política inaceptable de la revolución en ámbitos estrictamente personales, sino una actitud profundamente autoritaria y arrogante. Sentirse con la autoridad moral y espiritual para predicar la felicidad lleva implícito dos presupuestos: el primero, que las otras personas no son felices o son muy poco felices. Ehlers suele justificar su función señalando que la mayor parte del tiempo las personas no son felices. Lo que para el secretario del Buen Vivir resulta casi una patología, un síntoma de malestar espiritual, a muchos nos parece normal y casi obvio. ¡Resulta que debemos ir por la vida con la sonrisa en la boca las 24 horas del día para que nos consideren felices! El segundo presupuesto consiste en creer que él es más feliz que los demás, que su felicidad tiene mayor valor a otras felicidades y, por lo tanto, que hay una cierta superioridad espiritual en su experiencia frente a otras, de donde nace la autoridad para transformarla en felicidad oficial.

La Secretaría del Buen Vivir no solo es un ejemplo de la ausencia de límites de la revolución respecto de sus responsabilidades frente a los ciudadanos, sino de una tarea inútil. Ya veremos si al final de este proceso somos más felices que antes, y si la mayor felicidad se la puede atribuir a las pautas establecidas por el predicador oficial.
3 de noviembre, 2014. 

CON 'LOS CINCO SENTIDOS DEL PERIODISTA', según Ryszard Kapuściński (1932-2007).

Un mapa que preocupa

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